Rodrigo tiene 39 años, trabaja como jefe de proyectos en una constructora de Lima y en 2019 firmó un crédito hipotecario en dólares por 85,000 dólares con un banco tradicional. En ese momento la tasa en dólares era más baja que la que le ofrecían en soles, y su liquidación mensual también llegaba en dólares por un contrato temporal con un cliente extranjero. La cuenta parecía cerrar: mismo ingreso, misma moneda de pago, sin necesidad de cambiar nada cada mes.
El problema empezó cuando ese contrato en dólares terminó. Desde 2022 Rodrigo cobra su sueldo íntegramente en soles, pero su cuota hipotecaria seguía en dólares. Cada vez que el tipo de cambio subía, su cuota en soles subía con él, aunque el monto en dólares no se hubiera movido. Después de dos años viendo su cuota fluctuar sin poder planificar su presupuesto con certeza, decidió pedir la desconversión, el cambio de su saldo pendiente de dólares a soles.
El primer paso: la validación del banco
Rodrigo llamó a su funcionario de cuenta y pidió información sobre el proceso. Le explicaron que no cualquier crédito califica para desconversión inmediata:
- El plazo pendiente debía superar cierto mínimo de años (varía según la entidad).
- El deudor debía estar al día en todas sus cuotas, sin atrasos registrados en Infocorp.
- El banco necesitaba una tasación vigente del inmueble. Si la última tasación tenía más de tres años, había que pagar una nueva.
Rodrigo cumplía los dos primeros puntos, pero su tasación tenía cuatro años. Ese fue el primer gasto que no había presupuestado: una nueva tasación, a cargo suyo, antes de poder avanzar con la solicitud.
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La solicitud y la sorpresa del tipo de cambio
Aquí llegó lo que Rodrigo no esperaba. Él había calculado su nuevo saldo en soles usando el tipo de cambio que veía todos los días en su aplicación bancaria, el mismo que usa para sus operaciones normales. Pero el banco no convierte el saldo con ese tipo de cambio de referencia diaria: usa el tipo de cambio contable que fija el propio banco para operaciones de conversión de créditos, que puede diferir en algunos céntimos del tipo de cambio de ventanilla.
La diferencia no fue enorme en términos porcentuales, pero sobre un saldo de más de 60,000 dólares pendientes, esos céntimos se tradujeron en varios miles de soles adicionales al saldo que Rodrigo tenía en mente. Nadie se lo explicó de forma proactiva. Rodrigo tuvo que preguntar directamente por qué el monto proyectado no coincidía con su propio cálculo, y recién ahí el funcionario le detalló qué tipo de cambio se aplicaba.
- Si vas a desconvertir un crédito, pregunta explícitamente qué tipo de cambio usará el banco para la operación, y pide que te lo confirmen por escrito antes de firmar. No asumas que es el mismo que ves en tu app.
Documentos y firmas
Una vez aceptado el nuevo monto en soles, el proceso siguió con papeleo que Rodrigo tampoco había anticipado del todo:
- Nueva solicitud de crédito por el saldo expresado en soles, con su DNI vigente.
- Un anexo de declaración de salud, requisito del seguro de desgravamen, para mantener las condiciones de su póliza sin tener que tramitar un seguro nuevo desde cero.
- Una declaración jurada de uso de datos personales.
- La firma de una adenda al contrato hipotecario original, más una nueva escritura pública ante notario.
Los gastos que se sumaron
Además de la tasación, Rodrigo tuvo que cubrir gastos notariales por la adenda y gastos registrales por cada partida registral asociada al inmueble. Ninguno de estos montos es exorbitante por separado, pero sumados a la nueva tasación, el total se acercó a lo que Rodrigo hubiera gastado en dos cuotas de su crédito. Nadie le dijo de entrada que el trámite tenía un costo total; se lo fueron mencionando gasto por gasto, conforme avanzaba, así que Rodrigo recomienda pedir un desglose completo por escrito antes de aceptar seguir con el trámite, no después de haber pagado la tasación.
También tuvo que cuadrar los tiempos con su propio trabajo: cada firma requería presencia física, ya fuera en agencia o en la notaría, y coordinar esas citas entre semanas de proyectos cargados fue, según él, más molesto que el costo mismo del trámite.
El trámite completo, desde la solicitud hasta la firma de la escritura pública, tomó cerca de tres semanas, más de lo que Rodrigo esperaba. Parte de la demora fue por disponibilidad de citas notariales, no por el banco en sí.
El desenlace
La desconversión se aprobó. Hoy Rodrigo paga su hipoteca en soles, con una cuota fija que no depende del tipo de cambio. La tasa en soles que le asignaron fue algo más alta que la que tenía en dólares, así que su cuota mensual subió un poco en términos absolutos. Pero dejó de perder noches de sueño cada vez que el dólar subía sin aviso.
Lección aprendida
Si algo aprendí con este proceso es que la palabra «conversión» suena simple, pero en la práctica es una operación crediticia nueva, con su propia tasación, su propio tipo de cambio interno y sus propios gastos notariales y registrales. Antes de pedirla, pregunta por escrito tres cosas: qué tipo de cambio usará el banco para calcular tu nuevo saldo, cuánto costará la tasación si la tuya ya venció, y cuál será tu nueva TCEA en soles comparada con la que tienes hoy en dólares. Esos tres datos son los que realmente definen si la desconversión te conviene o si terminas pagando una sorpresa que no calculaste.