Financié mi negocio con leasing, no con crédito tradicional

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Nota: este es un caso recreado a partir de procesos reales del mercado crediticio peruano, no el testimonio literal de una persona identificada.

Me llamo Rocío, tengo 34 años y desde hace cinco administro un restaurante criollo en San Miguel. El negocio iba bien, pero la cocina ya no daba abasto: dos hornallas industriales fallaban seguido, la refrigeradora perdía frío a media tarde y el salón seguía con el mismo piso desde que abrimos. Necesitaba S/ 48,000: S/ 30,000 en equipos de cocina nuevos y S/ 18,000 en pintura, piso y mobiliario del salón.

Mi primer instinto fue pedir un crédito de capital de trabajo en el banco donde tengo mi cuenta empresarial. Llevé mis estados financieros, mis últimos pagos de IGV y renta a SUNAT, y mi historial en Infocorp, que estaba limpio. El ejecutivo me dijo que el monto era alto para mi antigüedad de negocio y que necesitaba un aval o una garantía adicional para aprobar los S/ 48,000 completos en un solo crédito.

Por qué terminé separando el financiamiento

Volví a hablar con el mismo ejecutivo unos días después, ya con menos prisa, y le pregunté si había otra forma de cubrir al menos la parte de los equipos sin tanta garantía. Ahí me explicó el leasing financiero: el banco compra el equipo directamente al proveedor a mi nombre y me lo arrienda con opción de compra al final del contrato.

La diferencia frente al crédito tradicional que ya conocía:

  • En el leasing, el banco es dueño del equipo hasta que termino de pagar y ejerzo la opción de compra.
  • En el crédito de capital de trabajo, el dinero es mío desde el desembolso y yo compro el equipo directamente.
  • El leasing solo financia bienes concretos (máquinas, mobiliario, vehículos), nunca mano de obra ni obra civil.

Esa última diferencia fue la que me obligó a separar el presupuesto. Los S/ 30,000 de equipos de cocina podían ir por leasing. Los S/ 18,000 de pintura, piso y mano de obra tuve que cubrirlos aparte, con ahorros propios y una línea de crédito más pequeña que ya tenía aprobada.

Cómo fue el proceso del leasing en la práctica

El trámite pidió más papeles de los que esperaba, aunque el monto era menor que el crédito que había solicitado antes. Reuní:

  • Proforma del proveedor de equipos, emitida a nombre del banco, no a mi nombre.
  • Estados financieros del cierre del año anterior y otros con menos de tres meses de antigüedad.
  • Los últimos tres pagos de IGV y renta a SUNAT.
  • Copia de mi DNI y el poder vigente como representante legal del negocio.

El plazo mínimo para bienes muebles en mi banco era de 24 meses, así que estructuré la cuota a ese plazo para no quedarme sin caja. La evaluación tomó tres semanas, más de lo que me había dicho el ejecutivo al inicio, porque el banco tuvo que coordinar directamente con el proveedor antes de emitir la orden de compra.

Antes de firmar pedí una segunda cotización en otra entidad, una caja municipal que también ofrece leasing a pymes. La tasa que me ofrecieron era parecida, pero pedían el doble de años de antigüedad de negocio de la que yo tenía en ese momento, así que me quedé con mi banco de siempre.

La sorpresa que no vi venir

Cuando llegó el contrato, la tasa efectiva anual estaba dentro de lo que me habían adelantado, pero encontré cargos que nadie me había mencionado en la primera reunión:

  • Comisión de estructuración: 1.5% más IGV sobre el valor del equipo, cobrada al inicio.
  • Comisión de opción de compra: 1% más IGV, al final del contrato.
  • Comisión por cancelación anticipada: 5% más IGV sobre el saldo pendiente, solo si decidía adelantar pagos.

No eran montos que arruinaran el negocio, pero sí me descuadraron el flujo de caja del primer mes porque no los tenía presupuestados. Tuve que mover la fecha de inicio de la obra civil dos semanas para no quedarme corta de efectivo mientras pagaba esa comisión inicial.

No pensaba adelantar pagos, pero prefería saberlo desde el contrato y no descubrirlo recién si algún año el negocio tenía un buen margen y quería cerrar el leasing antes de tiempo. Estas comisiones son las que me cobraron a mí en mi banco; varían entre entidades y pueden cambiar con el tiempo, así que confírmalas antes de firmar (vigente a setiembre 2026).

Lo que sí funcionó a mi favor fue que el leasing no me pidió cuota inicial sobre el equipo, algo que si hubiera pedido un crédito tradicional por ese mismo monto probablemente sí me habrían exigido. Y contablemente, el equipo entra como activo del negocio desde el primer día, con derecho a depreciación acelerada durante el mismo plazo del contrato, algo que mi contador me confirmó que reduce la base del Impuesto a la Renta de este año.

Lo que le diría a otro dueño de negocio antes de elegir

Si volviera a hacerlo, pediría desde la primera reunión el detalle completo de comisiones (estructuración, opción de compra, cancelación anticipada), no solo la tasa. Y separaría el presupuesto de entrada: lo que es compra de equipo va por un lado, lo que es obra civil o mano de obra va por otro, porque el leasing no cubre lo segundo.

  • Pide el desglose de comisiones por escrito antes de firmar, no solo la TEA.
  • Divide el presupuesto entre activos financiables por leasing y gastos que necesitan otro tipo de crédito.
  • Calcula el plazo mínimo del banco (24 meses para bienes muebles en la mayoría de entidades) contra cuánto flujo de caja libre tienes de verdad.
  • Confirma con tu contador el beneficio real de la depreciación acelerada antes de decidir, no lo asumas.

Terminé la remodelación completa en poco más de dos meses. La cocina nueva bajó mi consumo eléctrico y el salón por fin se ve como quería desde que abrí. Pero si hay algo que aprendí de este proceso es que financiar un negocio casi nunca es un solo producto: es armar el rompecabezas correcto entre lo que cada herramienta financiera sí cubre y lo que no.

Entérate más: Consolidé las deudas de mis tres tarjetas en un solo préstamo: esto fue lo que viví

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