Renzo tiene 32 años y trabaja como analista de logística en una empresa privada de Lima. Cuando le llegó el depósito de CTS de mayo, tenía dos opciones sobre la mesa: dejarlo en la caja municipal donde lo había abierto hace tres años, o usarlo para cancelar de un solo golpe la deuda de su tarjeta de crédito. Esta es la recreación de cómo tomó esa decisión y qué aprendió en el camino.
El punto de partida
Renzo arrastraba una deuda de S/ 6,800 en su tarjeta de crédito desde hacía ocho meses. Había empezado como un gasto puntual (arreglos en el carro) y terminó convertida en saldo revolvente, porque cada mes pagaba un poco más que el mínimo, pero nunca el total.
Su tarjeta tenía una TCEA que su banco le confirmó, cuando la pidió por escrito, cercana al 58% anual. Eso significaba que, sin nuevos consumos, la deuda seguía creciendo casi S/ 330 al mes solo en intereses.
Al mismo tiempo, su CTS estaba depositada en una caja municipal que le pagaba una tasa promedio anual cercana al 6.5%, según la información que había revisado en su momento en el portal de la SBS. Esa tasa es de las más altas del mercado para este producto, muy por encima de lo que ofrecen la mayoría de bancos tradicionales.
Con la Ley 32322 vigente, que permite el retiro libre del 100% de la CTS hasta el 31 de diciembre de 2026, Renzo tenía acceso inmediato al dinero. La pregunta no era si podía sacarlo, sino si convenía hacerlo.
Antes de decidir nada, anotó en su celular los tres datos concretos con los que iba a trabajar:
- Deuda de tarjeta: S/ 6,800, con ocho meses de saldo revolvente.
- TCEA de la tarjeta, confirmada por el banco: cerca de 58% anual.
- Tasa promedio de su CTS en la caja municipal: cerca de 6.5% anual, según la SBS.
Lee Más: Cambié mi crédito hipotecario en dólares a soles: la desconversión que no esperaba
Hacer las cuentas antes de decidir
Antes de mover un sol, Renzo se sentó a comparar los dos números que realmente importaban:
- Lo que le costaba la deuda de la tarjeta: cerca de 58% de TCEA anual.
- Lo que le rendía la CTS quieta en la caja: cerca de 6.5% anual.
La diferencia entre ambas tasas era la clave. Mantener el dinero depositado significaba ganar S/ 442 al año aproximadamente, pero la deuda de la tarjeta le estaba costando casi S/ 3,900 al año en intereses si la dejaba correr al mismo ritmo. No había forma de que la rentabilidad de la CTS compensara ese costo.
Renzo también revisó qué perdía al retirar. La CTS es, formalmente, un fondo pensado como seguro de desempleo, no una inversión ni un ahorro cualquiera. Usarla para pagar una deuda significa quedarse sin ese colchón si pierde el trabajo en los próximos meses.
Con esa duda pendiente, llamó a un asesor de la misma caja municipal para confirmar el procedimiento de retiro y cuánto tiempo tomaría tener el dinero disponible en su cuenta de ahorros.
El proceso de retiro
El trámite fue más simple de lo que esperaba, pero no instantáneo:
- Solicitó el retiro total desde la banca móvil de la caja, sin necesidad de ir a una agencia.
- La entidad le pidió confirmar la operación con una clave dinámica enviada por SMS.
- El abono a su cuenta de ahorros demoró un día útil, no fue el mismo día que lo solicitó.
- No le cobraron comisión por el retiro, algo que confirmó antes de dar el visto bueno.
Un obstáculo que no esperaba: al retirar el 100%, dejó de generar el interés preferencial sobre ese fondo desde el día del retiro, algo obvio en retrospectiva, pero que no había calculado con precisión. Eso le restó unos días de rendimiento frente a esperar hasta fin de mes.
La decisión y el desenlace
Renzo terminó retirando el total de su CTS y usó S/ 6,800 para cancelar por completo la deuda de la tarjeta, incluyendo los intereses acumulados hasta la fecha de pago. El resto del monto, que era menor a lo que esperaba porque no incluía el segundo depósito de noviembre, lo dejó en su cuenta de ahorros como un fondo mínimo de emergencia.
No fue una decisión sin matices. Renzo reconoce que se quedó sin el respaldo que la CTS estaba pensada para darle, y que si algo salía mal en el trabajo en los meses siguientes, no tendría ese colchón.
Por eso, después de pagar la deuda, hizo tres ajustes concretos:
- Empezó a separar un monto fijo cada mes en una cuenta de ahorros distinta, para reconstruir un fondo de emergencia poco a poco.
- No canceló la tarjeta: la mantuvo activa, pero solo para consumos que puede pagar en total al cierre de cada mes.
- Se puso como regla no volver a dejar saldo pendiente de un mes a otro, para no repetir el ciclo de intereses.
Lección aprendida
Lo que aprendí con esto es que comparar tasas, y no solo montos, es lo que realmente decide si una operación como esta tiene sentido. Si la deuda que tienes cuesta varias veces más de lo que te rinde el ahorro que la cubriría, dejar la deuda corriendo por no tocar ese ahorro no es prudencia, es pagar de más sin necesidad.
Lo que sí haría distinto es no esperar a tener la deuda tan alta para hacer esta cuenta. Si hubiera revisado la TCEA de mi tarjeta desde el primer mes, habría entendido antes que cada mes que dejaba correr el saldo me costaba más que cualquier rendimiento razonable en el mercado peruano.
Mi consejo concreto para alguien en la misma situación es simple: antes de usar la CTS para pagar una deuda, pide por escrito la TCEA exacta de tu tarjeta o préstamo y compárala con la tasa real que te está pagando tu depósito. Si la diferencia es tan grande como en mi caso, la matemática toma la decisión por ti. Si es más ajustada, vale la pena evaluar un retiro parcial en vez de vaciar todo el fondo.
Antes de decidir, revisa esto:
- La TCEA exacta de tu deuda, no la tasa nominal que aparece en la publicidad.
- La tasa real de tu CTS, que puedes confirmar en el portal de la SBS.
- Si un retiro parcial resuelve la deuda sin dejarte sin ningún colchón.